Leña del árbol que no ha caído.
No es una utopía, no es cuestíon de creer que uno está exento de algo.
Volvemos a ver las mismas caras, pero esta vez más maquilladas, más arregladas. Son los mismos, algunos con caretas, otros a cara lavada. No son primos, ni padres, ni parientes de alguien. Son secuaces de una banda de intratables malvivientes.
El obrero, sigue trabajando.
El artista, creando.
No hay piedad. No existe. Para ellos, solo somos ramas caídas. Solo eso. Edonde estés. Aquí o allá. La gran mayoría, corre la misma suerte, o mejor dicho, desdicha.
Hacen tanta falta, casi como el agua...
Señores políticos (exeptuando a aquellos que realmente hacen política), no hagan leña, ya que el árbol aún no se ha caído.
Leonardo Vaticano